octubre 26, 2011

introducción, nudo y sin desenlace

Esto es una historia sobre dos buenos amigos que estaban muy unidos. Una en la que no sabría calificar si hubo o no final feliz porque se anudó en sí misma y ahora está en un punto neutro, donde la confianza no es confianza y la sinceridad no es mutua.

Una historia que, comenzada tiempo atrás y de otro modo, no tomó esta forma hasta el día en que uno de los dos amigos decidió conquistar al otro.
Tan bien lo hizo, pareciendo marchar de manera natural y simbiótica entre risas, buenos momentos, cariño y prosperidad que cuando su alma se llenó del pánico y la confusión causada por sus sentimientos desconocidos antaño, decidió cortárlos de raíz.

Todo se derrumbó para el conquistado en cuestión de segundos, arrastrándolo al fondo de las depresiones y tristezas, allí donde solo puedes morirte o congelarte. Tan dependiente llegó a ser de su amigo que se enamoró.

Y tan solo correspondió al amor recibido. Solo hizo lo que tenía que hacer, lo que le dictaba su corazón, y ¿con eso qué consiguió? Sufrimiento.

Dejé entrar en mi alma a alguien que quería hacerlo sin permiso, y cuando entró robó un pedazo y se marchó dejando huellas de miedo e inseguridad.

Es triste amar a alguien y que no te correspondan. Pero más triste aún es amar a alguien que te corresponde y prohibirte a ti mismo hacerlo.


-

¿Se merece mi cariño? No, desde luego que se merece de todo menos cariño. Sólo sé que no puedo evitar dárselo.

"P.S. (De parte de mí mismo tiempo después)
Aún así no tengo por qué hacerlo... Inmaduros los hay a puñados."